- Estabilidad en el empleo
En el contexto
laboral en el que nos hayamos inmersos, “trabajar en una empresa toda la
vida”, al menos como empleado, empieza a difuminarse en favor de una
mayor movilidad laboral, pero también de una mayor incertidumbre. La
generación de autoempleo no está exenta de esta incertidumbre ante el
futuro, pero la continuidad o no de la actividad depende de factores
económicos y de negocio, y no de otro tipo de decisiones.
- Autonomía
Como
emprendedores, somos nosotros los que marcamos el ritmo e imponemos las
normas que regirán nuestra actividad. Si bien es cierto que, como
explicaremos más adelante, exige una gran dedicación, horas y esfuerzo,
ser “nuestro propio jefe” nos permite decidir de forma autónoma cuál es
el mejor momento para realizar determinada tarea o cuál es el nivel de
exigencia a aplicar.
Sobra decir que este tipo de decisiones han
de moverse siempre dentro de los principios de responsabilidad,
perseverancia y búsqueda de la excelencia y de la calidad si deseamos el
éxito de nuestro negocio. Pero también nos permite poner en marcha
nuestras propias ideas y metodologías de trabajo, adaptar la actividad a
nuestras necesidades y decidir en qué grado queremos conciliar nuestra
vida laboral y familiar.
Si optamos por emprender junto con otros
socios sacrificaremos parte de nuestra autonomía por una mayor
capacidad. Si es nuestra decisión debemos ser concientes de los riesgos
que entraña y cuidarnos de no cometer los típicos errores al buscar socio.
- Satisfacción personal
Porque,
para muchos, nada produce más satisfacción que un trabajo bien hecho,
sobre todo si se desarrolla, desde su gestación hasta su ejecución, bajo
nuestra propia percepción de cómo debe realizarse.
Este tipo de
satisfacción está relacionada con nuestra puesta en valor como
individuos a través del planteamiento y superación de diversos retos, de
aplicar de forma productiva e imaginativa nuestras habilidades y de
obtener resultados fruto de nuestro esfuerzo, nuestra dedicación y
nuestra pasión.
- Luchar por algo propio
Muy
en la línea de lo anterior, emprender significa poner un proyecto en
marcha, especialmente cuando entraña dificultad. Emprender es una lucha
diaria por superar retos y obstáculos, pero esta batalla se hace mucho
más llevadera cuando tiene por objeto la consecución de los objetivos
que nosotros mismos nos hemos marcado.
Pero no sólo están en juego
nuestras aspiraciones, sino también el tiempo y el dinero que hemos
invertido en nuestro proyecto, los sacrificios realizados para ponerlo
en marcha y la posibilidad de legar ese fruto de nuestro esfuerzo a
futuras generaciones.
- Mayores ingresos
Quizá
éste sea uno de los puntos más controvertidos, pero, si nuestro
proyecto está bien planteado y finalmente tiene éxito, podemos aspirar a tener mayores ingresos que trabajando por cuenta ajena.
Si
bien es cierto que, en ocasiones, en las etapas iniciales de una
empresa los gastos son mayores que los ingresos, por lo que es
recomendable contar con un remanente y un plan económico en el que
hayamos calculado durante cuánto tiempo podemos “permitirnos” perder
dinero antes de empezar a obtener beneficios, una vez llegados a este
punto, las posibilidades de incrementar nuestra percepción económica
también aumentan y, además, ésta irá en relación con el éxito económico
de nuestro proyecto empresarial.
- Prestigio social
Poner
en marcha y consolidar una empresa que, con su actividad, sea capaz de
cubrir necesidades y demandas reales y contribuya a la mejora del
entorno en el que vivimos puede constituirse como una gran fuente de
reconocimiento social que, si bien no ha de ser el fin último, puede
abrirnos muchas puertas para seguir creciendo y evolucionando tanto
profesional como personalmente.
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